Mis excepciones ya no son mías

¿Hasta qué punto mis excepciones para romper las reglas son más válidas que las excepciones de los demás? Etimológicamente 👀 hablando la palabra excepción significa “quedar fuera de la regla”. O sea, parte del hecho que existe una norma y que la justificación para quedar fuera de ella es la excepción.

Ahora, ¿por qué tanto meollo con esta palabra? Bueno, en tiempos de pandemia, parece ser que algunos tenemos una excepción que valida que rompamos las medidas recomendadas por el Ministerio de Salud. Excepciones de todo tipo, gusto y color. Habrá aquellas que son válidas, pero también las habrá sin pies ni cabeza.

Lo difícil es que, en esta situación particular, el ejercicio de mis excepciones para romper la norma afecta directamente a todos. Y un escenario todavía más complicado se da si la mayoría de nosotros pensamos que tenemos una cantidad de excepciones aceptables, pues de ser así tendríamos: 1) una norma que siempre está siendo incumplida por algún individuo, 2) ese conjunto de acciones que están fuera de la regla crearían una nueva corriente de comportamiento -que sería uno de los más invisibles -.

Lo complicado es que cuando las excepciones están separadas, parece que son pequeñas en cantidad. Más complicado todavía es que cuando no podemos estar al tanto de lo que todos hacen, nuestra excepción nos parece más inofensiva. Sin embargo, esta pandemia nos presenta un escenario donde dicha lógica no aplica en lo absoluto.

La salida de control de un punto es esta red compleja, no puede considerarse como un acto nimio. Un desajuste tiene repercusiones no solo en los vecinos inmediatos del individuo, sino que altera las características de toda la red.

Desde ese punto de vista, este es un tiempo para evaluar con lupa lo que hacemos y los “permisos” que nos damos. Porque cuando rompemos las normas, no solo estamos decidiendo sobre nuestro bienestar, también estamos tomando decisiones sobre el bienestar de los demás, ¿y quién está en el derecho de tal cosa?